Bajo los bosques, praderas, cultivos y prácticamente todos los ecosistemas terrestres del planeta existe una inmensa red biológica que permanece fuera de la vista, pero que resulta indispensable para sostener la vida en la Tierra. Se trata de los hongos micorrícicos, organismos que viven asociados a las raíces de las plantas y que forman complejas estructuras subterráneas encargadas de transportar agua, nutrientes y carbono a través del suelo.
Ahora, un equipo internacional de investigadores ha logrado elaborar por primera vez un mapa global de esta extraordinaria infraestructura viva, considerada por los científicos como el verdadero «sistema circulatorio» del planeta. El trabajo, publicado en la revista Science, revela que estas redes subterráneas podrían extenderse a lo largo de unos 110 billones de kilómetros, una distancia equivalente a mil millones de veces el trayecto entre la Tierra y el Sol.
El estudio fue liderado por la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN, por sus siglas en inglés) y utilizó herramientas de inteligencia artificial, aprendizaje automático y tecnologías robóticas para comprender la distribución y densidad de estos hongos a escala global. Más allá de su impresionante magnitud, la investigación pone de manifiesto una preocupación creciente: la agricultura intensiva está contribuyendo a la degradación de estas redes, comprometiendo funciones ecológicas esenciales para el equilibrio climático y la seguridad alimentaria.
Los hongos micorrícicos establecen relaciones simbióticas con las raíces de la mayoría de las plantas terrestres. A través de millones de diminutos filamentos llamados hifas, crean auténticas «autopistas» subterráneas que permiten el intercambio de recursos. Las plantas proporcionan a los hongos parte de los azúcares que producen mediante la fotosíntesis, mientras que los hongos ayudan a las raíces a absorber agua y nutrientes minerales como fósforo y nitrógeno.
Debido a esta función, los científicos comparan estas redes con los vasos sanguíneos de un organismo. Así como el sistema circulatorio humano distribuye oxígeno y nutrientes a través del cuerpo, los hongos micorrícicos facilitan el flujo de elementos indispensables para el funcionamiento de los ecosistemas terrestres.
La elaboración del mapa global requirió la recopilación de más de 16 mil muestras de suelo procedentes de distintas regiones del mundo. Con esta información, los investigadores desarrollaron modelos de aprendizaje automático capaces de predecir la densidad de las redes fúngicas incluso en áreas donde no existían mediciones directas. Los modelos incorporaron datos provenientes de desiertos, bosques, tundras y otros ecosistemas para construir una imagen detallada de esta infraestructura biológica.
Los resultados revelaron que los pastizales albergan alrededor del 40 por ciento de las redes de hongos micorrícicos arbusculares más abundantes del planeta. Algunas de las zonas con mayor densidad de estas estructuras incluyen los humedales de Sudán del Sur, los Everglades en Florida y la meseta tibetana, regiones donde estos organismos desempeñan un papel particularmente relevante en el mantenimiento de la salud del suelo.
Además de favorecer el crecimiento vegetal, estas redes cumplen una función decisiva en la regulación del clima. Según las estimaciones del estudio, los hongos micorrícicos transportan cada año aproximadamente 4 mil millones de toneladas de dióxido de carbono hacia los suelos. Esta cantidad equivale al 11 por ciento de todas las emisiones generadas directamente por las actividades humanas durante el mismo periodo.
El almacenamiento de carbono en el suelo es uno de los mecanismos naturales más importantes para mitigar el cambio climático. Sin embargo, los investigadores advirtieron que las áreas sometidas a agricultura intensiva presentan densidades de hongos micorrícicos hasta un 50 por ciento menores en comparación con ecosistemas menos alterados. El uso intensivo del suelo, los monocultivos y determinadas prácticas agrícolas podrían estar debilitando esta capacidad natural para capturar carbono.
Los hallazgos también ponen de relieve la enorme biomasa que representan estas redes invisibles. Los cálculos realizados por el equipo científico indican que los hongos micorrícicos arbusculares contienen alrededor de 300 megatones de carbono, una masa que supera entre cuatro y seis veces el peso conjunto de todos los seres humanos que habitan actualmente el planeta.
La publicación del estudio incluye además un mapa interactivo diseñado para ayudar tanto a investigadores como a responsables de políticas públicas a identificar las regiones donde estas redes prosperan y aquellas donde enfrentan mayores amenazas. Los autores consideran que esta herramienta podría contribuir al diseño de estrategias de conservación más efectivas y a la implementación de prácticas agrícolas compatibles con la protección de la biodiversidad subterránea.
Aunque los bosques tropicales y los arrecifes de coral suelen captar gran parte de la atención cuando se habla de conservación, esta investigación recuerda que algunos de los ecosistemas más importantes del planeta permanecen ocultos bajo nuestros pies. Comprender cómo funcionan y qué riesgos enfrentan podría ser clave para garantizar la fertilidad de los suelos, la producción de alimentos y la capacidad de la Tierra para responder ante la crisis climática.
El primer mapa global de los hongos micorrícicos representa, en ese sentido, mucho más que un avance científico. Constituye una nueva ventana hacia un mundo prácticamente invisible que sostiene silenciosamente gran parte de la vida terrestre y cuyo cuidado podría resultar decisivo para el futuro del planeta.

